sábado, 23 de febrero de 2013

La esperanza

Esperanza, de color verde. La esperanza. Suena bien, sí. Siempre hay que tener esperanza, no rendirse, sino saber que existe la posibilidad. Confiar en que eso que esperamos, llegará. O eso es lo que dicen. Porque, ¿de qué te sirve la esperanza si cada vez que llegas a oler tu objetivo, desaparece? Eso solo hace daño. Tienes la esperanza, y de repente, te quedas sola. Y piensas, "por tonta, por creer que pasaría". Entonces que alguien me explique, ¿es bueno o es malo? Siempre nos referimos a ella como algo positivo, pero en ocasiones, yo lo veo como algo negativo.

Si vives sin esperanza, te dan ganas de suicidarse. "Dramática", pensarán. Bueno, no lo veo así... Atención: si no existe la esperanza de acabar los estudios en el cole, de llegar al instituto, de pasar la universidad, conseguir rabajo, enamorarse, viajar, formar una familia... Si no existe la esperanza, no esperaríamos nada. Y si no esperamos es porque nada nos hace ilusión. Si nada nos hace ilusión, no nos sentiríamos vivos. ¿Para que vivir estando medio muerto? Y ahora hay que volver a leer la primera frase del párrafo.

Pero ahora me lo planteo de otra forma. Tienes la esperanza en hacer nuevos amigos, pero resulta que te quedas sola. Tienes la esperanza de ir a Paris, pero pasan los años, y no hay viaje. Tienes la esperanza de conocer a alguien del que enamorarte, pero pasan los días, y no aparece. Tienes esperanza en poder conocer a un famoso, pero no, no lo consigues. Esperanza para esto y esperanza para lo otro. Pero nada en lo que confías se cumple. Y entonces, en estos casos, me pregunto, ¿para qué está la esperanza? ¿Para desilusionar? Y la respuest a vuelve a ser la primera frase del párrafo anterior.

No sé. Creo que hay que tener esperanza, pero no abusar de ella. Confiar, pero no dar por seguro. Saber que es propable, posible, que hay posibilidades, pero no pensar que seguro segurísimo, pasará. Ay, es raro, últimamente estoy muy filosófica. Muy sensible a todo lo que pienso o siento. Y no, no estoy enamorada. Punto y final.

jueves, 21 de febrero de 2013

El miedo

El miedo a fallar te frena, me frena. El miedo me impide seguir adelante. Me roba oportunidades. Me deja escondidas sin la suficiente fuerza para superar la barrera. El miedo se apodera de mí, y cuando lo hace, no hay manera de ser yo.

Existen muchos tipos de miedo, muchísimos. Miedo a los animales, a los bichos, a que te hagan daño, miedo a fracasar, miedo a hacer el ridículo, miedo a tener que mentir, a descubrir una dolorosa verdad, miedo al asesino que sale de debajo de la cama cuando estás solo en casa, miedo a tu madre  enfadada, miedo a suspender, al rechazo, a enamorarse, a quedarse solo, miedo a perder todos tus sentidos, miedo a que la vida te robe a alguien especial... Demasiados miedos, y ninguno vale la pena. Ninguno nos beneficia. Todos nos hacen reflexionar más de la cuenta, todos nos hacen sufrir. Todos.

¿Conclusión? Ninguna. Solo que no me gusta sentir miedo, porque por su culpa, no gano. Pero también es cierto que, ¿si no tuviéseomos miedo, de qué nos sentiríamos orgullosos? Nada resultaría un reto. Todo sería demasiado fácil. Así que la conclusión puede que sea que odio el miedo, pero no quiero que desaparezca. Aunque también puede ser que tengo un lío y que esto no tiene sentido. Puede ser. Todo puede ser.

sábado, 9 de febrero de 2013

Sentirse sola

Sentirse sola, y además, sentirse culpable. Rutina. Día tras día. A veces esa sensación se agudiza, otras, apenas lo recuerdo. Pero siempe está. Sé que hay gente que me quiere y me apoya, pero también sé que hay otras personas, tremendamente importantes para mí, que no lo hacen como a mí me gustaría.

En ocasiones siento que sobro, que sin mí estarían mejor, y es horrible. La autoestima baja, baja y llega al subsuelo. Y ahí empiezo a decirme a mí misma que es normal. Yo me lo busco. Estar con alguien aburrido, es aburrido. Estar con alguien raro, no gusta. Estar con una persona antisocial, no es plato de buen gusto. Y sí, yo soy eso.

¿Qué puedo hacer? ¿Cambiar y dejar de ser yo? Eso no lo haría jamás. Porque yo soy yo, y nadie puede cambiar ese yo... Nadie menos yo. Parece un lío tremendo, pero es sencillo: si no me soporto a mi misma, cambio para poder aguantarme. No por el resto, por mí. Es lo único que se me ocurre.

No sé, no entiendo nada. Mi cabeza da vueltas y vueltas sin dejarme pensar con claridad, cosas de adolescentes. No sé, no sé, no sé. Solo sé que a veces las lágrimas ganan la batalla, y que el dolor se ahoga en la almohada .