viernes, 2 de agosto de 2013

La luna me perseguía

La luna corría detrás de mí, me perseguía. Era justo del tamaño de mi dedo. Viajaba conmigo. Yo casi gritaba de ilusión, y no dejaba de admirar ese diminuto punto blanco que sobrepasaba árboles, nubes, lluvia, edificios... Única y exclusivamente, para permanecer a mi lado. Y ahora lo pienso, si la luna hacía lo imposible por caminar junto a mí en un coche, ¿por qué simples personas desaparecen de mi vida?

Conmigo, contigo.

Entré y en su habitación y la vi. Llorando sobre la cama, ahogando sus lágrimas y derramando dolor. Me planteé si debía entrar o dejarla sola, pero decidí solamente acompañarla.

Me aproximé hasta ella en un silencio solo interrumpido por su llanto. Apoyé la cabeza en una de las almohadas y le acaricié el pelo.

- Si quieres hablar, estaré justo al otro lado de la cama.

Sus llantos cesaron, y giró la cabeza para mirarme directamente. Tenía la cara húmeda, y los ojos más rojos y tristes que jamás había visto.

- No -  dijo en un susurro desesperado.

- ¿No? ¿Prefieres que me vaya? -  quise huir. No era nadie para estar allí, en su cama, a su lado. No me necesitaba.

- Al otro lado de la cama no.

No supe reaccionar, ella lo hizo por mí. Se desplazó y quedamos el uno al lado del otro. Me abrazó, yo le devolví el abrazo.

- Conmigo - su aliento contra mi cuello. De nuevo, rompió a llorar.

Le di un corto beso en la frente, el más tierno que mis labios habían dado en toda una vida. Luego, la acurruqué como si fuera un osito de peluche. Mi osito de peluche.

- Contigo - le respondí.


Había una vez


Había una vez una chica que soñaba con lo imposible e intentaba escapar de la realidad. Era tan insegura como tímida, y odiaba estos rasgos de su personalidad. Esta chica, cuyo nombre puedes elegir, se aferraba al móvil y cogía aire antes de poder caminar ante  un joven grupo de amigos. Pasaba la mayor parte del tiempo sola;  por gusto y por miedo. Tenía miedo de no encajar, de parecer tonta e incluso, miedo de si misma. Había una vez una adolescente confundida, una personalidad por pocos comprendida. Había una vez, yo.