lunes, 15 de abril de 2013

Le cogí en brazos. Apoyé su cabeza contra mi pecho, y sonreí al escuchar su respiración tranquila. Acaricié su frente con la yema de dos dedos, y aspiré su aroma. Le acurruqué en su sueño con el movimiento lento y suave de mis brazos. Y le canté. No era una nana, era ternura. Me convertí en su reflejo, en el espejo en el que todos le veían. Mi voz dulce, mi voz tierna, mi voz suave y pacífica. Mi voz fue él, mi voz fue su personalidad. Mi voz fue un bebé.

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