viernes, 2 de agosto de 2013

Conmigo, contigo.

Entré y en su habitación y la vi. Llorando sobre la cama, ahogando sus lágrimas y derramando dolor. Me planteé si debía entrar o dejarla sola, pero decidí solamente acompañarla.

Me aproximé hasta ella en un silencio solo interrumpido por su llanto. Apoyé la cabeza en una de las almohadas y le acaricié el pelo.

- Si quieres hablar, estaré justo al otro lado de la cama.

Sus llantos cesaron, y giró la cabeza para mirarme directamente. Tenía la cara húmeda, y los ojos más rojos y tristes que jamás había visto.

- No -  dijo en un susurro desesperado.

- ¿No? ¿Prefieres que me vaya? -  quise huir. No era nadie para estar allí, en su cama, a su lado. No me necesitaba.

- Al otro lado de la cama no.

No supe reaccionar, ella lo hizo por mí. Se desplazó y quedamos el uno al lado del otro. Me abrazó, yo le devolví el abrazo.

- Conmigo - su aliento contra mi cuello. De nuevo, rompió a llorar.

Le di un corto beso en la frente, el más tierno que mis labios habían dado en toda una vida. Luego, la acurruqué como si fuera un osito de peluche. Mi osito de peluche.

- Contigo - le respondí.


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