sábado, 18 de enero de 2014

Titanic, o vida.

Nadie avisó a Rose de que se iba a enamorar en el Titanic. Tampoco nadie avisó a Jack. Simplemente  ocurrió. Salvándose la vida mutuamente, hasta que el hielo paró el corazón cálido del joven. Subieron al barco sin conocerse, bajaron de él amándose y murieron, ambos, con el otro.

Su amor verdadero, pero tran breve. Ni siquiera durante un mes pueden amarse. Se necesitan pero no pueden tenerse. Y no lloran, qué va. Solo escapan y ríen, disfrutan cada momento juntos, vuelan y se hacen promesas, se enamoran y nos enamoran.

¿Eso existe? Quiero decir, la vida es como el Titanic. Llegas y empieza la travesía, pero no sabes qué puede ocurrir mientras tanto. No sabes qué pasara, si te hundes o sales a flote. ¿Llegará un Jack? ¿Una Rose? ¿Habrá personas tan egoístas como aparecen en la película? ¿Nos chocaremos? ¿Pasaremos frío pero recibiremos más tarde calor? Por suerte o por desgracia, creo que la respuesta a todo es sí.

Por lo que... Quiero un Jack.








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