Ir a clase era lo peor. Me daba miedo, no sabía lo que me esperaba cada día. No quería seguir escuchando insultos y burlas una y otra vez. ¿A quién le gusta eso? A nadie, a nadie le gusta sentirse humillado. Y así me sentía yo. Recuerdo cada una de las pabras que utilizaban para hacerme daño, aunque ellos ya no lo hagan. Empollona, enchufada, ombligo, Usain Díaz, gafas culo botella... Y más, más que intento no recordar. Intento no recordar, porque recodordar duele. Y duele más al saber que eran mis "amigos" los que lo hacían. Eran aquellos con los que siempre me había reído, aquellos a los que echaron de una tienda de golosinas en uno de mis cumples, aquellos con los que siempre formaba el grupo para hacer los trabajos de clase... Por eso dolía más. Y él, se burlaba él. Él era la persona por la que sentía algo especial en aquel entonces. Esa persona que me hacía daño, la que guiaba al resto en mi contra. ¿Cómo no iba a doler?
Ahora, todo vuelve a estar bien. Pero vuelve a estar bien conmigo. ¿Y el resto? Continúan las burlas con los demás. Siempre se los digo, siempre les repito que dejen a la gente en paz. Entonces me convierto en la aburrida del grupo. Creo que no se dan cuenta de lo que se siente al estar al otro lado, porque nunca han sido ellos los que reciben las burlas, no tienen ni idea de cómo se pasa, de lo que se llora a escondidas, de lo que se puede llegar a sufrir por simples palabras. No lo saben. Me culpo por no culparles. Sí, es raro, pero es así. Aunque pasen años y todo siga igual, sigo pensando en "no son conscientes del daño que hacen". Pero, la verdad, es que ya no sé si me estoy engañando a mi misma. Si de verdad saben el daño que causan, entonces necesitan ayuda, y siempre estaré aquí para poder ofrecérsela.
Lágrimas de papel. Sonrisas de papel. En definitiva, sentimientos plasmados en unas líneas.
jueves, 31 de enero de 2013
miércoles, 16 de enero de 2013
Las nubes, las estrellas y nuestra magia.
Esta entrada es un poco rara, no es lo que suelo escribir. Y la razón es esta: para la clase de lengua de mañana el profesor nos mandó a escribir una historia fantástica. Y como creo que me ha quedado medianamente bien, pues puedo aprovecharla para el blog.
Así que espero que el resultado guste, y gracias por leer.
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Juraría que había sido un sueño. Estaba casi segura de ello, hasta que abrí los ojos después de parpadear varias veces. Entonces descubrí que aquello era real.
Estaba en un bosque, pero un bosque extraño. El suelo húmedo ensuciaba mis manos, que se aferraban a la tierra haciéndome sentir un poco más segura. Me fijé en el árbol que tenía justo en frente. Miré las raíces y subí por el tronco. Subí, subí y subí. Incliné el cuello hacia atrás para poder llegar al final del espectacular ejemplar. Pero era imposible, no tenía final.
- ¿A que es muy alto?
Una voz me sorprendió. No me moví de donde estaba, sólo cerré los ojos. Tenía miedo, pues no sabía dónde estaba, no sabía como podía haber árboles tan altos, no sabía quien vivía en ese lugar… No sabía quien me hablaba.
- No te haré daño.
Mis párpados, cerrados, impedían que viese de quién provenía la voz. Así que abrí un ojo primero, dejando el otro medio cerrado. Sin saber muy bien qué esperar. Esto pareció hacer gracia al chico, que me miraba con una sonrisa de lo más traviesa, pero con un toque de ternura.
- ¿Quién eres? – le pregunté con una voz que no reconocía ni yo misma.
- O sea, que tú vez a alguien con el pelo dorado, los ojos azules pero con la pupila violeta, la piel extrañamente morena, la nariz puntiaguda, las orejas alargadas, las pestañas enormes, los labios carnosos y los dientes deslumbrantes, ¿y me preguntas quién soy? No sería mejor decir, ¿qué soy?
No me había percatado de cada uno de esos rasgos, pero mientras él extraño chicos los nombraba yo me fijaba en ellos, llegando a una conclusión: era un ser sobrenatural, y desde luego, su belleza también lo era.
- ¿Qué eres, entonces? – una pequeña carcajada, que sonaba a música, se escapó de su garganta,
- Pobre de ti si crees que te lo diré.
Me enfadó, muchísimo. Me puse en pie e intenté correr, alejarme de aquel… ser. Pero parecía que… Bueno, no parecía, estaba flotando. Mis pies se levantaban unos centímetros del suelo y tenía la extraña sensación de estar sobre el aire, sin sujetarme a nada. Me sentía más libre que nunca.
- ¿Por qué estoy aquí? ¿Qué es esto? ¿Qué se supone que debo hacer? ¿Por qué floto? ¿Por qué ese árbol no tiene fin? ¿Por qué eres tan… por qué eres tan repugnantemente perfecto?
- ¿Crees que soy perfecto?
- He dicho repugnante. Pero ¿podrías contestar a todas las demás preguntas, por favor? Tengo miedo. No te conozco. Este lugar no es normal, parece mágico. Y yo nunca he creído en la magia.
- Ahí te equivocas, pequeñina. Crees en la magia, porque si no, no me verías.
- ¿Qué quieres decir? –sentía que me picaban los ojos. No quería llorar, pero todo era tan raro…
- ¿Qué quieres decir? – repetí, ahora en susurro.
- Soy un ser mágico, y como yo, hay muchísimos diferentes. Los tuyos, los humanos, piensan que no creen en la magia, pero sí que lo hacen. Todos creemos en la magia. Nosotros vivimos aquí para no ser juzgados, vivimos escondidos. Tomamos una especie de medicina que nos hace invisibles al ojo humano. Pero esa medicina está hecha de nubes, para eso son tan grandes estos árboles. Las nubes se enredan en sus copas, nosotros subimos y las comemos. Pensarás que son deliciosas, y desde luego lo son. Pero no queremos seguir comiendo nubes, no podemos hacerlo. Porque se terminarán, y entonces tendremos que recurrir a las estrellas.
- ¿A las estrellas? – las lágrimas, recorrían en silencio mis mejillas.
- Sí. Imagina una noche sin estrellas.
- No puede pasar eso.
- Por eso te he llamado.
- ¿Qué tengo que hacer?
- Tienes que demostrar que existe la magia, que no hacemos daño a nadie, que somos extraños, que hay árboles gigantes, que se puede flotar, que las nubes son una medicina y que si no te hacen caso, las estrellas morirán. ¿Podrás hacerlo?
Se acercó a mí y con un solo dedo me secó las lágrimas. Su tacto era suave, tan suave que daba miedo.
- ¿Podrás? – volvió a preguntar sonriendo.
- Lo que nadie podrá es detenerme.
Hoy han pasado 70 años desde que viví esa historia. Conseguí mi meta. Conseguí que la gente se diera cuenta de que creía en la magia. Conseguí que pudiéramos vivir juntos, los mágicos y los humanos.
Tenía 17 años, y después de haber resuelto el problema tenía principalmente una pregunta en la cabeza: ¿por qué me había elegido a mí? No dudé en plantársela a aquel extraño ser, a Jaxon.
¿Y sabes qué, querido diario? La respuesta a esa pregunta consiguió que me casara con el extraño chico, de sonrisa pícara, ojos azules y pelo dorado. Me casé con él. Y aunque te mueras de ganas por saberlo, no te diré ni la frase ni la forma en la que salve al mundo mágico. No te las diré. Porque no quiero que las sepas, aunque seas mi diario. Nadie las sabrá. Solo él y yo.
Gracias por dejar que te cuente mis cosas, gracias por aguantar tantas palabras, tantas emociones. Tan solo gracias, querido diario. Aquí quedan escritos 70 años de mi vida, y ya no más. Porque ahora quiero que esta vida sea solo mía y de él. Será una vida eterna, porque seremos jóvenes eternamente.
martes, 15 de enero de 2013
3 preguntas
Y entonces me planteo, ¿quién me quiere, pero de verdad? O mejor, ¿a quién le importo? Si desapareciese, ¿quién me echaría de menos? Típica pregunta sin respuesta.
¿Los profesores mirarían mi mesa con nostalgia? Y mis compañeros, ¿me echarían de menos? Sería una buena forma de saber quiénes son mis amigos, aquellos que me quieren de verdad. Los que se procupan por mi estado, los que hacen lo imposible por verme sonreír, los que provocan mis carcajas, los que confían en mí, y a su vez, se han ganado mi confianza.
Hacer la maleta. Sin móvil, sin ordenador, sin nada que pueda mantener la relación con el resto. Hacer eso, y después de unos meses, recuperarlo todo. Lo material y la vida. ¿Cuántas llamadas tendría? ¿Cuántos mensajes? ¿Cuántas voces preocupadas? ¿Cuántas lágrimas derramadas? ¿Cuántos "te quiero" jamás mencionados?
Volvería. Volvería y abrazaría a los que me importan, y sobre todo, a los que importo. Descubriría a esas personas que con gran falsedad, me dan la bienvenida. Por fin sabría lo que me pregunto:
¿Los profesores mirarían mi mesa con nostalgia? Y mis compañeros, ¿me echarían de menos? Sería una buena forma de saber quiénes son mis amigos, aquellos que me quieren de verdad. Los que se procupan por mi estado, los que hacen lo imposible por verme sonreír, los que provocan mis carcajas, los que confían en mí, y a su vez, se han ganado mi confianza.
Hacer la maleta. Sin móvil, sin ordenador, sin nada que pueda mantener la relación con el resto. Hacer eso, y después de unos meses, recuperarlo todo. Lo material y la vida. ¿Cuántas llamadas tendría? ¿Cuántos mensajes? ¿Cuántas voces preocupadas? ¿Cuántas lágrimas derramadas? ¿Cuántos "te quiero" jamás mencionados?
Volvería. Volvería y abrazaría a los que me importan, y sobre todo, a los que importo. Descubriría a esas personas que con gran falsedad, me dan la bienvenida. Por fin sabría lo que me pregunto:
¿Quién me quiere?
¿A quién le importo?
¿Quién me echaría de menos?
sábado, 29 de diciembre de 2012
Adiós al 2012
Hoy, 29 de diciembre, faltan dos días para acabar el año. Cambiamos el dos por el tres. Cambiamos las lágrimas por sonrisas. Los suspensos por aprobados. Los miedos por nuestra valentía. Cambiamos el egoísmo por la generosidad. Derrumbamos el muro que nos oculta, las numerosas capas de cebolla, las caras artificiales, para ser como somos. Para ser nosotros.
Me he dicho a mi misma: Marta, se te va. El año se acaba. ¿Ha sido bueno, malo, normal? ¿Lo has aprovechado? Tengo que decir, que se me ha ido volando... Que parece que hace un día que abrí los regalos de reyes, y solo me faltan eso, días, para abrir los siguientes. Cierro los ojos y veo a mi hermana haciendo la comunión, ¿cuándo fue? Para mi antes de ayer, en realidad, hace unos seis meses. Me acuerdo de la ropa que me puse cada noche para cenar en el restaurante del hotel, en julio. Viajé con mi familia a Tenerife en verano, para mí, la semana pasada.
Si reviso todo lo que me ha pasado, creo que mi año ha sido bueno. Siempre hay cosas que me gustaría mejorar, miedos que quiero perder, sueños que no llegan... En fin, lo típico. Pero por otro lado está mi familia, que en general, está bien. Mis amigos, que me quieren tanto como yo los quiero a ellos. Y, ¿por qué no decirlo? Mi ídolo. Sí. Porque puede que haya gente que piense que no es lógico que una persona que no sabe de mi existencia consiga que mi año sea bueno. Pues, señoras y señores, guste o no, esto es así. Porque Justin saca discos, me ilusiono con ellos, los recibo en un regalo de cumpleaños, y sonrío. Porque Justin saca una colonia, voy a Tenerife, la compro, y sonrío. Porque enciendo el ordenador, entro en Twitter, leo lo que me ha escrito, a mi y a todas sus beliebers, y sonrío. Pero he de admitir, que igual que sonrío, lloro. ¿Merece la pena? Lo que no merece es contestar tan patética pregunta.
Creo que es justo que de las gracias a este año por conocer a varias personas, una especialmente. Porque gracias a Twitter, puedo decir que tengo una nueva amiga. Una persona que a pesar de los kilómetros me apoya, me aconseja y que esta ahí. Sandri, por si no sabías que eras tú, hola.
Mi corito, aaaaaaay el coro. Ensayo pa' aquí y ensayo pa' allá. Acutaciones, actuaciones y actuaciones. ¿Pero y lo que me río yo? Me ha dado la oportunidad de conocer a más gente, de divertirme, de reírme, de pasarlo en grande. Pero atención, que gracias al coro, he encontrado a mi hermana gemela perdida. Ele, que te quiero.
¿Algo malo? ¿Algo que fastidia un poco este buen año? Lo mismo que ha fastidiado el resto desde hace unos cuantos. Mi sueño. A ver si se da por aludido y se apura en llegar, que lo necesito. No es fácil saber que tu ídolo está en el mismo país que tú, y que mientras otros le ven, le escuchan en directo y consiguen incluso conocerle, tú estás en tu casa leyendo sus historias y sintiéndote aún peor. Pero no hace falta que nadie piense "joder, pobre". No. Porque sé que lo voy a lograr. Sé que conseguiré cumplir mi sueño. Y sé también, que el año que me espera está cargado de sonrisas y lágrimas (como tan bonita película), por eso cojo fuerzas para afrontar lo que viene y vivirlo al máximo.
Me he dicho a mi misma: Marta, se te va. El año se acaba. ¿Ha sido bueno, malo, normal? ¿Lo has aprovechado? Tengo que decir, que se me ha ido volando... Que parece que hace un día que abrí los regalos de reyes, y solo me faltan eso, días, para abrir los siguientes. Cierro los ojos y veo a mi hermana haciendo la comunión, ¿cuándo fue? Para mi antes de ayer, en realidad, hace unos seis meses. Me acuerdo de la ropa que me puse cada noche para cenar en el restaurante del hotel, en julio. Viajé con mi familia a Tenerife en verano, para mí, la semana pasada.
Si reviso todo lo que me ha pasado, creo que mi año ha sido bueno. Siempre hay cosas que me gustaría mejorar, miedos que quiero perder, sueños que no llegan... En fin, lo típico. Pero por otro lado está mi familia, que en general, está bien. Mis amigos, que me quieren tanto como yo los quiero a ellos. Y, ¿por qué no decirlo? Mi ídolo. Sí. Porque puede que haya gente que piense que no es lógico que una persona que no sabe de mi existencia consiga que mi año sea bueno. Pues, señoras y señores, guste o no, esto es así. Porque Justin saca discos, me ilusiono con ellos, los recibo en un regalo de cumpleaños, y sonrío. Porque Justin saca una colonia, voy a Tenerife, la compro, y sonrío. Porque enciendo el ordenador, entro en Twitter, leo lo que me ha escrito, a mi y a todas sus beliebers, y sonrío. Pero he de admitir, que igual que sonrío, lloro. ¿Merece la pena? Lo que no merece es contestar tan patética pregunta.
Creo que es justo que de las gracias a este año por conocer a varias personas, una especialmente. Porque gracias a Twitter, puedo decir que tengo una nueva amiga. Una persona que a pesar de los kilómetros me apoya, me aconseja y que esta ahí. Sandri, por si no sabías que eras tú, hola.
Mi corito, aaaaaaay el coro. Ensayo pa' aquí y ensayo pa' allá. Acutaciones, actuaciones y actuaciones. ¿Pero y lo que me río yo? Me ha dado la oportunidad de conocer a más gente, de divertirme, de reírme, de pasarlo en grande. Pero atención, que gracias al coro, he encontrado a mi hermana gemela perdida. Ele, que te quiero.
¿Algo malo? ¿Algo que fastidia un poco este buen año? Lo mismo que ha fastidiado el resto desde hace unos cuantos. Mi sueño. A ver si se da por aludido y se apura en llegar, que lo necesito. No es fácil saber que tu ídolo está en el mismo país que tú, y que mientras otros le ven, le escuchan en directo y consiguen incluso conocerle, tú estás en tu casa leyendo sus historias y sintiéndote aún peor. Pero no hace falta que nadie piense "joder, pobre". No. Porque sé que lo voy a lograr. Sé que conseguiré cumplir mi sueño. Y sé también, que el año que me espera está cargado de sonrisas y lágrimas (como tan bonita película), por eso cojo fuerzas para afrontar lo que viene y vivirlo al máximo.
¡¡¡FELIZ AÑO NUEVO A TODOS!!!
miércoles, 19 de diciembre de 2012
Sueños despiertos.
El bullicio no paraba a su alrededor. Cerró los ojos, y voló. Un cielo azul se abría sobre su cabeza. Se sentó en el freco césped y tomó aire por la nariz, llenándose de la paz de aquel lugar. Miles de pequeñas florecillas de colores decoraban el extenso paisaje. Se tumbó y giró la cabeza. Allí estaba él, sonriéndole. Aproximaron sus manos hasta que se rozaron. Una suave caricia, un enorme cosquilleo en el estómago. Entre caricia y caricia, sus dedos terminaron entrelazándose. Flotaban, en aquel momentos ambos jurarían que flotaban . Miraron el cielo, perdiéndose en su inmenso azul. Buscando forma en las nubes. Viviendo el momento, soñando que no acabara. De repente, silencio. La chica abrió los ojos y vio al profesor en la puerta del aula. Había acabado el tiempo de sueños y fantasías, era el turno de la realidad. Una realidad cruel y despiadada que la devolvía a la clase de matemáticas.
viernes, 7 de diciembre de 2012
¿Me querías?
¿Por qué te fuiste? ¿Por qué prometiste que te quedarías? ¿Por qué me besaste y después me dijiste lo mucho que me querías? Dime por qué. Dímelo. ¿En algún momento sentiste algo? ¿Hubo algo? ¿Me querías? Necesito saberlo. Solo quiero saber si me utilizaste. Si viví engañada, creyendo que me amabas y tú solo jugabas. ¿Por qué me acariciabas? ¿Por qué me hablabas con esa voz tan dulce? ¿Por qué me despertabas cada mañana con un mensaje para darme los buenos días? ¿Por qué coño lo hacías? Al final te fuiste. Me dejaste sola, completamente sola, y rota. Pero te dio igual. Porque te dio igual, ¿verdad? Desapareciste sin preocuparte por mi. Y después te vi. Besabas a otra. Abrazabas a otra. Le decías que la querías. ¿De verdad lo hacías con ella también? ¿O a ella la querías de verdad? Eres un maldito cabrón, un capullo de verdad. Un hijo de puta sin sentimientos. Te odio. Te odio porque no puedo dejar de quererte.
miércoles, 5 de diciembre de 2012
I want to feel pretty.
Miré mis ojos, marrones y sin vida. Parecían cansados, muertos. Mi nariz, plagada de granitos. Mi boca, pequeña y con labios finos. Mi pelo cogido en un moño sin sentido, desastroso. Caían sobre mi frente varios mechones oscuros. Seguí bajando hasta llegar a mi pecho. Nadie se fijaría en mi, era obvio. Mi barriga, odiaba mi barriga. Quería que fuese plana, pero aunque no comiese, seguía estando inflada. Mis piernas con anchos muslos. Los toqué, casi pegándoles, como si ellos tuvieran la culpa. Me giré para verme de perfil, y me di asco. Cerré los ojos e intenté no llorar. Cogí aire y metí la barriga hacia dentro. ¿Así estaba mejor? Tampoco era suficiente, además, necesitaba respirar. Fui al baño y cogí las pinturas. Lápiz de ojos y rímel y carmín rojo en los labios. Volví al espejo, ¿por qué me odiaba tanto? Por mucho que quisiera cambiar y ser la chica guapa de la que todos se "enamoran", sabía que era imposible. Me tiré sobre la cama, y lloré. Total, estaba sola, nadie me esucharía. Entonces, sonó el móvil. Respiré profundamente y respondí con un "hola" muy poco alegre. Escuché su voz al otro lado del téléfono. Era su voz, su voz, su voz. Amaba esucharle, su voz. Me dijo: voy para allá, pequeña. Y sonreí como una idiota. Sonreí después de haber llorado horas. Y todo gracias a él.No solo amaba su voz, ese momento se confirmó lo que ya sospechaba. Simplemente, le amaba.
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