Le miré y supe que mentía. No estaba bien. Me lo decían sus ojos de cristal que parecían estallar. Lo noté en su mirada esquiva. En su falsa sonrisa. En sus manos temblorosas y en su voz a punto de romperse.
- No lo estás. - le dije aún con mis manos cruzadas sobre el pecho.
- ¿Qué? - me preguntó de nuevo con una sonrisa sin vida, sin nada real. Con una sonrisa que solo conseguía preocuparme más.
- No hace falta que me mientas. Además, si quieres un abrazo puedes pedírmelo.
Me miró y le miré. Sus ojos dejaron escapar las lágrimas, ahora el cristal se había fundido. Se mordió el labio para intentar retener las gotitas que recorrían sus mejillas. Pero no la abracé, aunque lo estaba deseando, no la abracé. Permanecí firme sobre mis piernas. Ella levantó la cabeza, sus lágrimas seguían su recorrido.
- Abrázame - me dijo con un hilo de voz. Su dulce voz.
Me acerqué a ella y la rodeé con mis brazos alrededor del cuello. Ella hizo lo mismo con mi espalda. Apoyó su cabeza sobre mi pecho y rompió a llorar. No dije nada, guardé silencio. Le ofrecí mi compañía, mis brazos, mi ternura, mi amor. Hasta que por fin, paró. Me miró sonriendo, y con un poco de reproche.
- ¿Por qué has hecho que te lo pidiera cuando sabías que lo necesitaba? - dijo con las mejillas aún mojadas y coloradas.
- Quiero que sepas que estoy aquí para ti. Si yo no te hubiese dicho nada, tú no hubieses sido capaz de pedirme que te abrazara. Y ahora, segurías llorando sobre tu almohada. Por eso esperé a que me lo pidieras. Para que te des cuenta de que puedes hacerlo, de que no esperes a que yo de el paso. Porque quizás a mi me cuesta tanto como a ti.
Lágrimas de papel. Sonrisas de papel. En definitiva, sentimientos plasmados en unas líneas.
viernes, 30 de noviembre de 2012
sábado, 24 de noviembre de 2012
¿Cumpliré mi sueño?
¿Cumpliré mi sueño? A veces estoy segura de que lo conseguiré, pero otras... Otras me derrumbo y pierdo totalmente la esperanza.
Una y otra vez veo mi oportunidad, pero a los dos segundos desaparece. Como un fantasma, irreal. Intento atraparla, abrazarla y no dejarla ir, pero no puedo. Por más que corra, no la encuentro; aunque la abrace, se escurre entre mis brazos; aunque intente que se quede conmigo, escapa. Escapa y me deja sola, con los ojos llenos de lágrimas, deseando que vuelva y que sea real.
Tengo miedo, no quiero seguir soñando si sé que esos sueños no se harán realidad. Pero tampoco quiero pensar desde ya que no lo conseguiré. Me obligo a creer. A creer que nada es impsible. Pero, ¿realmente lo es? ¿Lo único imposible en esta vida es chuparse el codo? ¿Tocarse la espalda con la rodilla? ¿De verdad? ¿Todo lo demás es posible? Me obligo a creer, pero no hago más que engañarme.
No quiero dejar morir mis sueños, lucharé por mantenerlos vivos, y por cumplirlos. Una vez leí eso de "los sueños solo mueren si muere el soñador". Me enamoré de esa frase, y cumplo lo que dice. Si yo vivo, mis sueños también tienen que hacerlo.
Una y otra vez veo mi oportunidad, pero a los dos segundos desaparece. Como un fantasma, irreal. Intento atraparla, abrazarla y no dejarla ir, pero no puedo. Por más que corra, no la encuentro; aunque la abrace, se escurre entre mis brazos; aunque intente que se quede conmigo, escapa. Escapa y me deja sola, con los ojos llenos de lágrimas, deseando que vuelva y que sea real.
Tengo miedo, no quiero seguir soñando si sé que esos sueños no se harán realidad. Pero tampoco quiero pensar desde ya que no lo conseguiré. Me obligo a creer. A creer que nada es impsible. Pero, ¿realmente lo es? ¿Lo único imposible en esta vida es chuparse el codo? ¿Tocarse la espalda con la rodilla? ¿De verdad? ¿Todo lo demás es posible? Me obligo a creer, pero no hago más que engañarme.
No quiero dejar morir mis sueños, lucharé por mantenerlos vivos, y por cumplirlos. Una vez leí eso de "los sueños solo mueren si muere el soñador". Me enamoré de esa frase, y cumplo lo que dice. Si yo vivo, mis sueños también tienen que hacerlo.
domingo, 4 de noviembre de 2012
¿Por qué no llorar?
¿Por qué siempre nos piden que sonriamos? Cuando lloramos, la gente lo primero que piensa y dice es "no llores, anda." ¿Y por qué no puedo llorar? A veces, es lo mejor que nos puede pasar. Llorar y liberarnos de un peso. No siempre es así, pero en ocasiones nos hace sentir mejor. Es como si los sentimientos saliera en forma de agua, dejándonos una sensación de paz. No quiero decir con esto, que llorar sea algo bueno y que tenemos que hacerlo todos los días. Solo digo, que no por llorar somos menos fuertes. Hay personas y personas, unas aguantan mejor y otras tienen una forma distinta de afrontar las cosas. Están aquellas que tragan, tragan y tragan hasta que un día explotan. Otras, no tienen miedo a llorar si es lo que necesitan. Con esto quiero decir que es tan fuerte el que llora como el que no lo hace. Que llorar no es algo malo. Que es incluso de valientes. Ya lo dice Dani Martín, "los valientes los que saben llorar con la cara descubierta." Desde mi punto de vista, no le falta razón. Llora cuando tengas que llorar, y sonríe el resto del tiempo. Porque más vale sonreír poco y que sea de verad, que pasarte la vida fingiendo ser feliz.
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