sábado, 18 de enero de 2014

Titanic, o vida.

Nadie avisó a Rose de que se iba a enamorar en el Titanic. Tampoco nadie avisó a Jack. Simplemente  ocurrió. Salvándose la vida mutuamente, hasta que el hielo paró el corazón cálido del joven. Subieron al barco sin conocerse, bajaron de él amándose y murieron, ambos, con el otro.

Su amor verdadero, pero tran breve. Ni siquiera durante un mes pueden amarse. Se necesitan pero no pueden tenerse. Y no lloran, qué va. Solo escapan y ríen, disfrutan cada momento juntos, vuelan y se hacen promesas, se enamoran y nos enamoran.

¿Eso existe? Quiero decir, la vida es como el Titanic. Llegas y empieza la travesía, pero no sabes qué puede ocurrir mientras tanto. No sabes qué pasara, si te hundes o sales a flote. ¿Llegará un Jack? ¿Una Rose? ¿Habrá personas tan egoístas como aparecen en la película? ¿Nos chocaremos? ¿Pasaremos frío pero recibiremos más tarde calor? Por suerte o por desgracia, creo que la respuesta a todo es sí.

Por lo que... Quiero un Jack.








viernes, 6 de septiembre de 2013

Tres tipos de despedida

Diría que existen tres tipos de despedidas. La despedida planeada en la que sabes que habrá un reecuentro, la despedida invisible y la muerte.

La primera posiblemente sea la más común, y quizás, la menos dolorosa. Se repite continuamente: cuando terminan las vacaciones y un familiar que vive fuera vuelve a su casa, cuando un estudiante de universidad cambia de ciudad durante unos meses... Sí, duele. Pero al fin y al cabo, en el 95% de los casos no es una despedida definitiva.

La despedida invisible es bastante jodida. Ocurre sin que te des cuenta y sin ningún motivo aparente. Poco a poco, en silencio, hasta que después de un tiempo descubres que le has perdido. Que os habéis perdido. Y no sabes qué pasara. En realidad, no ha habido despedida. Ningún abrazo que indique que de alguna forma, acaba.

Y la muerte. A veces "planeada" y otras invisible. Porque en ocasiones podemos sospechar que ocurrirá, pero en otras, viene de repente y para siempre. La muerte.

viernes, 2 de agosto de 2013

La luna me perseguía

La luna corría detrás de mí, me perseguía. Era justo del tamaño de mi dedo. Viajaba conmigo. Yo casi gritaba de ilusión, y no dejaba de admirar ese diminuto punto blanco que sobrepasaba árboles, nubes, lluvia, edificios... Única y exclusivamente, para permanecer a mi lado. Y ahora lo pienso, si la luna hacía lo imposible por caminar junto a mí en un coche, ¿por qué simples personas desaparecen de mi vida?

Conmigo, contigo.

Entré y en su habitación y la vi. Llorando sobre la cama, ahogando sus lágrimas y derramando dolor. Me planteé si debía entrar o dejarla sola, pero decidí solamente acompañarla.

Me aproximé hasta ella en un silencio solo interrumpido por su llanto. Apoyé la cabeza en una de las almohadas y le acaricié el pelo.

- Si quieres hablar, estaré justo al otro lado de la cama.

Sus llantos cesaron, y giró la cabeza para mirarme directamente. Tenía la cara húmeda, y los ojos más rojos y tristes que jamás había visto.

- No -  dijo en un susurro desesperado.

- ¿No? ¿Prefieres que me vaya? -  quise huir. No era nadie para estar allí, en su cama, a su lado. No me necesitaba.

- Al otro lado de la cama no.

No supe reaccionar, ella lo hizo por mí. Se desplazó y quedamos el uno al lado del otro. Me abrazó, yo le devolví el abrazo.

- Conmigo - su aliento contra mi cuello. De nuevo, rompió a llorar.

Le di un corto beso en la frente, el más tierno que mis labios habían dado en toda una vida. Luego, la acurruqué como si fuera un osito de peluche. Mi osito de peluche.

- Contigo - le respondí.


Había una vez


Había una vez una chica que soñaba con lo imposible e intentaba escapar de la realidad. Era tan insegura como tímida, y odiaba estos rasgos de su personalidad. Esta chica, cuyo nombre puedes elegir, se aferraba al móvil y cogía aire antes de poder caminar ante  un joven grupo de amigos. Pasaba la mayor parte del tiempo sola;  por gusto y por miedo. Tenía miedo de no encajar, de parecer tonta e incluso, miedo de si misma. Había una vez una adolescente confundida, una personalidad por pocos comprendida. Había una vez, yo.

miércoles, 3 de julio de 2013

Se va

Desaparece sin despedirse. Se va, poco a poco, sin que te des cuenta. Difuminada, arrastrada por la marea. Sin conflictos ni malos momentos, solo viento que le cambia el rumbo. Se deja llevar. La llevan. Parece que se pierde, que la pierdes. Un vacío, miedo. Llanto en silencio pasotismo a gritos. Y se sigue yendo, se la siguen llevando. ¡Haz algo! Puedes impedirlo. Si le importas, luchará contra viento y marea. Si le importas, no dejará que la lleven. Se funde, se mezcla. Se borra. Te borra. Pero tú, créeme que lo sé, no consigues apartar su huella. Definitivamente, la pierdes. Entonces lloras, lloro, porque el recuerdo dolerá por siempre.

¿Cómo son las nubes?

- Mamá, ¿cómo son las nubes? - preguntó intrigada la niña, mirando por la ventana del coche.
- Pues... Son diminutas gotitas de agua, no son esponjosas.
- ¿No son como las nubes de la feria? - volvió a preguntar la pequeña, claramente decepcionada.
- No, cariño, no son como esas.

La conversación terminó aquí, y el camino continuó en silencio. Un silencio poco real, ya que una infantil mente seguía dando vueltas. Realmente creía en que las nubes eran esponjosas, y que podría llegar hasta ellas con una enorme escalera. Creía que podía vivir flotando, durmiendo cada noche sobre una distinta. Creía que podría comerlas, y que serían sorprendentemente dulces. Creía que la lluvia formaría el arcoíris perfecto, y que se tiraría por él a modo de tobogán. Creía que todo era posible, y que nada ni nadie le impediría demostrar que aquel perfecto mundo imaginario, era el mejor jamás creado.

sábado, 15 de junio de 2013

Un agujero que pesa

Le viste llorar y sentiste que alguien te pellizcaba, ¿no? Sí, yo te entiendo. Fue como si tú también quisieras llorar. Era como si tuvieses dentro el mayor pozo del mundo, lleno de agua. Un agujero que pesa, ¿verdad? ¿A que quisiste sacar poco a poco el agua e ir quitando esa carga? Querías calmar su llanto y consecuentemente, hacer desaparecer tu pozo. Porque si él no paraba, los pellizcos y el pozo tampoco desaparecerían. ¿Me equivoco?

Vi un pájaro

Vi un pájaro y deseé ser él. Sentí miedo, y libertad. Abrí mis brazos , cerré los ojos y me dejé llevar. El viento peinaba mi pelo a su gusto, y yo me movía siguiendo mi propio ritmo. Subía para luego dejarme caer. Reía en silencio. Entonces, se escondió detrás de un edificio. Dejé de verle y caí contra la realidad. No era un pájaro. No había volado. No era tan libre como él.

Una almohada

Una almohada es más que un lugar donde apoyar la cabeza para descansar. Una almohada aguanta la sal de las lágrimas hasta que le toca darse una ducha. Una almohada soporta todos los conocimientos que hay en una cabeza el día antes de un examen. Una almohada, puede llegar incluso, a ser maltratada. Una almohada se siente sola durante todo el día, y cuando llegue la noche, no se queja. Cuando llega la noche te acoge, te arropa y te "escucha". Te sienta e intenta darte ánimo. Una almohada es más de lo que todo el mundo piensa. Una almohada es menos que una persona, pero somos cobardes y al final del día, a ella le soltamos los problemas.

Me apetece ser feliz

Y ahora solo me apetece ser feliz. Y no sé qué es lo que tengo que hacer. Necesito personas, corazones. Necesito guías y compañeros de viaje. Necesito confianza y amor. Necesito mucho para llegar a lo más alto, que no es ser una estrella del pop, es simple y a la vez complicadísimamente, ser feliz. Quizás ya lo soy, estoy casi segura. Pero quiero anunciarlo, con megáfono, sin miedo. Quiero dar la gran noticia de que sí, soy feliz.

Es injusto

Es injusto que la nieve no caiga como en los dibujos. Es injusto que cuando intestas hacer un muñequito las bolas no sean perfectas, que no se formen haciéndolas rodar. Es injusto que la nieve no sea suave como el algodón, sino más bien algo que se rompe. Porque es así su textura, se parte. Es fría y parece preciosa, pero quizás esté muy cansada. ¿No lo has pensado? No te fíes de su apariencia, porque que sea hermosa y sonría de una manera espectacular, no quiere decir que no esté a punto de romperse.

¿Segundos, minutos, horas?

Intenté recordar cuánto tiempo llevaba así. ¿Segundos? ¿Minutos? ¿Horas? Di vueltas y vueltas a la cabeza, pero manteniendo la vista en el techo, como llevaba haciendo, ¿segundos, minutos, horas? Sin parpadear. Me atrevo a decir, que incluso sin respirar. Porque así me sentía, muerta. Muerta en este mundo, mientras imaginaba el mío propio. Y allí todo era posible, todo  estaba al alcance de mi mano. Así que decidí dejar pensar en el tiempo y concentrarme más en los sueños. Por lo tanto, volví a pulsar el play y de nuevo, sonreí viviendo en mi mundo ficticio. Mi mundo y solo mío.

viernes, 19 de abril de 2013

Descubrí que tenía una amiga


Necesitaba un abrazo y enseguida me acordé de ella. Cogí el móvil y marqué su número. Intenté contener las lágrimas que amenazaban con correr sin miedo por mis mejillas, como en una carrera. Suspiré e intenté tranquilizarme. Pero en cuanto escuché su voz divertida al otro lado de la línea, me derrumbé. Solo le dije que quería verle y sin dudarlo, aceptó. Quedamos  las cinco en el parque, y no hablamos en toda la tarde. Cuando me vio, corrió hacia mí y me dio un abrazo. Yo lloré contra su hombro y sentí sus manos acariciar con ternura mi espalda. Olía su pelo y su colonia, y sentía su preocupación. Pero no preguntó, solo me acompañó. Me miraba y me apretaba la mano. Después, comimos helado de chocolate. Y cuando ya estaba mejor, me dio un beso en la mejilla, y con un ”tonta”, se despidió de mí. Entonces, fui feliz. Estaba triste porque me sentía sola, porque no sabía a quien tenía a mi lado. Estaba triste porque tenía miedo de no tener a esas personas importantes junto a mí. Pero esa tarde, mi miedo desapareció. Esa tarde olvidé todo lo que en un principio había imaginado. Esa tarde confirmé lo que todo el mundo veía, menos yo. Esa tarde descubrí, que tenía una amiga.

lunes, 15 de abril de 2013

Le cogí en brazos. Apoyé su cabeza contra mi pecho, y sonreí al escuchar su respiración tranquila. Acaricié su frente con la yema de dos dedos, y aspiré su aroma. Le acurruqué en su sueño con el movimiento lento y suave de mis brazos. Y le canté. No era una nana, era ternura. Me convertí en su reflejo, en el espejo en el que todos le veían. Mi voz dulce, mi voz tierna, mi voz suave y pacífica. Mi voz fue él, mi voz fue su personalidad. Mi voz fue un bebé.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Sentía el verano

Estaba ahí, justamente ahí. Sentía cómo el sol calaba mi piel, y como esta le recibía encantada, tiñiéndose con el paso de los días de un color más oscuro. Sentía cómo quemaba, pero no hacía nada por evitarlo. Sentía las gafas sobre mis ojos, cerrados. Sentía el pelo húmedo, haciéndome cosquillas en la espalda. Sentía la caliente arena jugar entre mis dedos. Sentía el olor de la crema solar que brillaba sobre mi cuerpo. Sentía cómo la pelota de plástico volaba con el poco viento que había. Sentía cómo las olas llegaban y rompían, me encantaba escuchar aquel sonido. Sentía el miedo de unos niños y la alegría de otros por poder chapotear sin que nadie les dijera nada. Sentía sonar el móvil, pero lo dejé, me olvidé de él. No quería moverme. Sentía las voces de los que estaban en el chiringuito. Sentía el respirar pesado del rubio guiri que dormía a un metro de mí. Sentía muchísimas cosas, muchas. Todas llegaban a mí. Sentía tanto que tenía miedo. Pero después me tranquilicé; en realidad solo sentía una cosa: verano.

lunes, 18 de marzo de 2013

De risa a llanto

Llovía. No tenía paraguas. Las frías gotas de agua caían sobre mí. El pelo, evidentemente mojado, se pegaba a mi cara. La ropa, húmeda, pesaba más de lo normal. El maquillaje de mis ojos tiñó de negro mis mejillas. Mis labios, secos, saboreaban las mínimas gotitas. Y yo, mi persona en conjunto, era feliz.

Corría por el resbaladizo suelo de la calle, con los brazos extendidos y la cabeza mirando al oscuro y orgulloso cielo, que descargaba cada vez con más fuerza el agua. Reía. Cerraba los ojos y giraba sobre mi misma. Grité, todo el mundo debía saber que era feliz, y sobre todo, que lo era sin saber por qué. Seguí mi camino, sin destino alguno, cantando y acompañando la música con extravagantes pasos de baile. Movía el cuerpo al ritmo de la melodía inventada que se escapaba casi sin permiso de mi garganta, mi propia melodía. Esa que describía como me sentía, una melodía totalmente desconocida, pero más verdadera que ninguna otra. La banda sonora de aquel momento de mi vida, el acompañamiento a mi felicidad, una forma de tapar la cruda soledad.

De repente, sin poder controlarlo, la alegre melodía se fue tornando gris. Mi cuerpo dejó de bailar saltarín, y se abrazo a si mismo; me rodeé con mis propios brazos. Mi sonrisa desapareció, y con ella mi alegría. Entonces, sin poder evitarlo, la risa se convirtió en un llanto. Un llanto que me obligó a acurrucarme en una esquina de la calle y pasar la noche más fría de mi existencia.

jueves, 14 de marzo de 2013

Hoy no es un buen día

Hoy no es un buen día. No lo es porque estoy en mi casa, con el ordeador sobre mis rodillas, con las noticias en la tele, con el móvil a mi lado y con ganas de llorar. No es un buen día porque debería estar cumpliendo mi sueño. Veo como muchas personas lo consiguen, como le pueden ver a poco metros, escucharle en directo, sentirle cerca. Pero yo no, porque aunque está en mi país, ¿cuánta distancia nos separa? Geográficamente vivo más cerca de África que de España, así que da igual donde esté, porque sigue siendo demasiado lejos.

Las personas que me rodean no lo entienden, al menos la gran mayoría, y eso es lo peor. No se dan cuenta de lo que significa para mí, de lo que lo necesito... En vez de dedicarme palabras de ánimo, se ríen y pronuncian sin pensarlo un "jódete." Pues sí, me jodo aunque tú no lo digas, creéme que lo hago.

Muchas veces me pregunto, ¿por qué yo no puedo y el resto sí? ¿Por qué una persona que no estudia, está ahora mismo gritando a escasos metros de un escenario? ¿Por qué una persona que da problemas en casa, está escuchando su voz en directo? ¿Por qué el adolescente más irrespetuoso está encerrado en un estadio con él? Y sobre todo, por qué yo que estudio, no doy problemas, respeto y soy la hija ideal, PORQUE PUEDO JURAR QUE LO SOY, ¿por qué yo no estoy ahí? Es lo único que pido. Lo único a cambio de todo lo que hago. Y no, no lo tengo.

Never Say Never, Believe, los sueños de hacen realidad, lucha por tus sueños... Sí, yo no lo dudo. No puedo dudarlo porque le tengo a él como ejemplo. Esa persona que salió de la nada, para convertirse en el todo de mucha gente. En mi todo. Él es la clara prueba de que todo esto es cierto, pero no es fácil confiar cuando una y otra vez, ves escapar tu oportunidad.

lunes, 4 de marzo de 2013

Pequeños placeres

Ese placer que sientes al abrir los ojos un sábado. Primero: miedo, rabia y ganas de llorar. ¿Ahora a clase? Entonces es cuando descubres que no, que por fin es sábado.Vuelves a cerrar los ojos y duermes hasta que ya no quieres más. A eso lo llamo yo: pequeño placer de la vida. Y como este hay muchos. Un libro nuevo, su olor. Una ducha de agua caliente en pleno invierno. Un abrazo justo en el momento en el que lo necesitas. Una peli, una manta y la lluvia de fondo. Una bolsa de golosinas. Un sentimiento que te hace sentir vivo. Una sonrisa de alguien, después de haberla ayudado. Una buena comida cuando llegas de clase. Música mientras miras el techo de tu habitación y tu mente toma otro rumbo. Un paseo tranquilo un domingo por la mañana. Coger sol en verano, con los ojos cerrados.   Desayunar churros. Adoro los churros. Me encantan. Y si son con chocolate, mejor.                                                                                              Estos son el 0, 00000001% de todos los pequeños placeres. Y es muy triste que pensemos que por vivirlos, por conseguirlos, por tenerlos... Seamos felices. Porque la felicidad es más. Y nos da miedo. Por eso empleamos estas pequeñas cosas para poder decir "ahora mismo soy feliz"; y así poder engañarnos. E Incluso, si somos demasiado tontos, creerlo.                                                                                                                                        

sábado, 23 de febrero de 2013

La esperanza

Esperanza, de color verde. La esperanza. Suena bien, sí. Siempre hay que tener esperanza, no rendirse, sino saber que existe la posibilidad. Confiar en que eso que esperamos, llegará. O eso es lo que dicen. Porque, ¿de qué te sirve la esperanza si cada vez que llegas a oler tu objetivo, desaparece? Eso solo hace daño. Tienes la esperanza, y de repente, te quedas sola. Y piensas, "por tonta, por creer que pasaría". Entonces que alguien me explique, ¿es bueno o es malo? Siempre nos referimos a ella como algo positivo, pero en ocasiones, yo lo veo como algo negativo.

Si vives sin esperanza, te dan ganas de suicidarse. "Dramática", pensarán. Bueno, no lo veo así... Atención: si no existe la esperanza de acabar los estudios en el cole, de llegar al instituto, de pasar la universidad, conseguir rabajo, enamorarse, viajar, formar una familia... Si no existe la esperanza, no esperaríamos nada. Y si no esperamos es porque nada nos hace ilusión. Si nada nos hace ilusión, no nos sentiríamos vivos. ¿Para que vivir estando medio muerto? Y ahora hay que volver a leer la primera frase del párrafo.

Pero ahora me lo planteo de otra forma. Tienes la esperanza en hacer nuevos amigos, pero resulta que te quedas sola. Tienes la esperanza de ir a Paris, pero pasan los años, y no hay viaje. Tienes la esperanza de conocer a alguien del que enamorarte, pero pasan los días, y no aparece. Tienes esperanza en poder conocer a un famoso, pero no, no lo consigues. Esperanza para esto y esperanza para lo otro. Pero nada en lo que confías se cumple. Y entonces, en estos casos, me pregunto, ¿para qué está la esperanza? ¿Para desilusionar? Y la respuest a vuelve a ser la primera frase del párrafo anterior.

No sé. Creo que hay que tener esperanza, pero no abusar de ella. Confiar, pero no dar por seguro. Saber que es propable, posible, que hay posibilidades, pero no pensar que seguro segurísimo, pasará. Ay, es raro, últimamente estoy muy filosófica. Muy sensible a todo lo que pienso o siento. Y no, no estoy enamorada. Punto y final.